Las grasas monoinsaturadas en los aceites vegetales, los frutos secos y la palta elevarían los niveles de colesterol “bueno” cuando se los incorpora en una dieta para reducir el colesterol LDL o “malo”.
Este resultado, obtenido en un estudio sobre 24 adultos con colesterol moderadamente alto, se suma a las evidencias de que las grasas monoinsaturadas serían un ingrediente importante de la alimentación para cuidar el corazón.
La dieta mediterránea, que es rica en ese tipo de grasas derivadas del aceite de oliva y frutos secos, pero reducida en grasas saturadas de la carne y los lácteos, está asociada con una reducción del riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca.
Otros ensayos clínicos habían sugerido también que la dieta estilo mediterráneo reduce la posibilidad de desarrollar diabetes y síndrome metabólico, que es un conjunto de factores de riesgo de la enfermedad cardíaca que incluye la hipertensión, la obesidad abdominal y el colesterol HDL o “bueno” bajo.
En el nuevo estudio, publicado en Canadian Medical Association Journal, los autores evaluaron los efectos de agregar grasa monoinsaturada a una dieta vegetariana rica en fibra, efectiva para reducir el colesterol LDL alto en los adultos.
El equipo del doctor David Jenkins, de la University of Toronto y del Hospital St. Michael, de Ontario, en Canadá, reunió a 24 pacientes con colesterol alto que consumieron durante un mes una dieta reducida en grasas saturadas para disminuir el colesterol.
Luego, durante otro mes, los participantes ingirieron una dieta vegetariana. Pero, al azar, la mitad reemplazó el 13 por ciento de los carbohidratos diarios con grasas monoinsaturadas a través de aceite de girasol y, si querían, palta.
Al mes, ambos grupos lograron una reducción similar del colesterol LDL (alrededor del 20 por ciento). La disminución total del LDL alcanzada en los dos meses con la dieta para bajar el colesterol más la vegetariana, fue del 35 por ciento en ambos grupos, lo que se compara con los beneficios de los fármacos para reducir el colesterol, llamados estatinas.
De todos modos, en el grupo tratado con la dieta con grasas monoinsaturadas aumentó un 12 por ciento el colesterol HDL, mientras que en el grupo control no hubo cambios.
En el primer grupo hubo también una reducción de los niveles de la proteína C reactiva, un indicador de inflamación de los vasos sanguíneos asociado con el riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca.
La combinación de la dieta vegetariana y una dosis de grasa monoinsaturada “logró exactamente lo esperado” en cuanto a los niveles de colesterol, apuntó Jenkins. Eso, agregó, es una buena noticia para las personas con colesterol alto “que quieren intentar con la dieta antes de tomar medicamentos”.
Jenkins admitió que los resultados podrían variar en el mundo real, ya que los participantes tuvieron una dieta vegetariana estrictamente controlada y recibieron todos los alimentos. Pero aseguró que esa dieta es fácil de cumplir.
Para eso, sugirió reemplazar algunos carbohidratos refinados, como el pan blanco y los “snacks”, con grasas monoinsaturadas de frutos secos, palta o aceite de oliva.
Las autoridades de Canadá y la cadena de supermercados Loblaws financiaron el estudio. Jenkins y algunos coautores fueron consultores o recibieron subsidios para la investigación de distintas empresas farmacéuticas, fabricantes de suplementos alimentarios y la industria alimentaria, como Kellogg, Quaker Oats y Almond Board, de California.
FUENTE: Canadian Medical Association Journal, online 1 de noviembre del 2010